LA ACCESIBILIDAD PEATONAL EN BUCARAMANGA

Figuras 1. Barrio El Prado (Carrera 36). Este es un ejemplo donde se puede apreciar la falta de planeación del espacio público. los vehículos son parqueados discriminadamente sobre los andenes, poniendo en peligro la circulación peatonal. Adicionalmente existen barreras físicas (sobresaltos) a lo largo del recorrido peatonal, que también afectan la movilidad de las personas. (Foto del autor)

LA ACCESIBILIDAD PEATONAL DE BUCARAMANGA
Autor: Diego F. González Rico.
Arq. (Ph. D) Universidad Politécnica de Cataluña
Fecha: 26 /oct/2011.

Quisiera empezar esta reflexión sobre la accesibilidad peatonal del espacio público de Bucaramanga, diciendo que la ciudad son los ciudadanos, por tal motivo, ellos deciden en qué ciudad desean vivir. Esto anterior no quiere decir que se vayan a ir a otra ciudad, al contrario, significa que ellos eligen cómo debe ser su ciudad tanto en el presente como en el futuro. Esto anterior se logra en mayor o en menor medida con una sensibilización social y cultura ciudadana sobre los problemas que aquejan a la ciudad, una correcta planeación del espacio público, así como con una verdadera y decidida participación de la población civil.

Con respecto a los problemas que aquejan al espacio público de Bucaramanga, se puede afirmar que la ciudad presenta una falta de accesibilidad peatonal debido a una extremada ausencia de planeación, así como la falta de atención por parte de las entidades municipales. Hoy en día no existen dolientes reales en cuanto a este tema y, a esto se suma la falta de participación ciudadana. Tampoco existe una cultura ciudadana que exija un mínimo respeto a los conductores hacia los peatones. Al no haber planeación del espacio público, tampoco existen facilidades tanto para la movilización de los peatones como para la movilización de los vehículos. Evidentemente, si no existe una consideración mínima hacia las personas de a pie, mucho menos la hay hacia las personas con movilidad reducida o discapacidad física.

Es así como en este escenario, los únicos verdaderos dueños del espacio público de la ciudad son los conductores de vehículos particulares, quienes pueden estacionar donde quieran, sin importar que obstaculicen los andenes o que pongan en peligro la vida, la integridad y seguridad de los peatones, quienes deben arriesgar sus vidas ingresando a la calzada vehicular para poder transitar.

Figura 2. Barrio El Prado (Calle 38). Este es otro ejemplo donde se aprecia la invasión de los andenes por parte de los vehículos. La administración municipal no le exige al Comercio la cuota mínima obligatoria de parqueos, lo cual genera un caos para la circulación peatonal. (Foto del autor)

Mientras que en otros contextos de referencia internacional, como lo es la ciudad de Barcelona en España, hoy en día habla de mejorar y consolidar las condiciones actuales de movilidad para las personas, sobre todo aquellas con movilidad reducida, en nuestro contexto nacional a duras penas se conoce lo que significan los conceptos tanto de accesibilidad como de movilidad reducida. Es decir que hoy en día aún no existe una sensibilización de la sociedad frente a este tema y, tampoco existe un conocimiento de las entidades públicas y privadas que diseñan y transforman el espacio público de la ciudad.

Los cambios que sufriría Bogotá en las pasadas administraciones, tanto de Antanas Mockus como de Enrique Peñalosa, fueron decisivos para generar una cultura ciudadana y, a su vez, una sensibilización en este tema de la accesibilidad y movilidad peatonal. Sin embargo, los esfuerzos que se hicieron en ese entonces, no han sido suficientes para resolver el tema de movilidad de Bogotá y, hoy en día aparecen como actuaciones aisladas a lo largo de los principales corredores viales del Sistema de Transporte Masivo de Transmilenio, que vertebran la ciudad. Aún hace falta mejorar incluso las condiciones de accesibilidad para personas de movilidad reducida en este sistema de transporte, en lo que se refiere a la eliminación de barreras físicas y la adecuación de las rampas peatonales con pendientes mínimas que permitan el acceso al sistema a personas con movilidad reducida.

Conclusión

Aunque en Colombia existe un buen marco normativo de accesibilidad, considerado por expertos internacionales como uno de los más completos que existen en Latinoamérica, hace falta mucho por hacer para sensibilizar a los entes reguladores del territorio y de la ciudad, como son las Curadurías Urbanas y las Oficinas de Planeación Municipal. Se hace necesario poner de acuerdo a todos los actores que intervienen y deciden sobre la movilidad y las transformaciones del espacio público de la ciudad, para que pueda existir en el futuro una ciudad que sea coherente en la definición de su espacio público.

Figura 3. Barrio Cabecera (Carrera 36). Esta rampa de acceso a un edificio es un ejemplo de una de las intervenciones sobre los andenes más frecuentes que existe en esta zona de la ciudad. Las personas particulares son las que deciden cómo debe ser la forma de los andenes y no la administración municipal. (Foto del autor)

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