Esta noticia la leí en el periodico 15
Sólo el 10% de la infraestructura de Bucaramanga es apta para los discapacitados. Faltan oportunidades laborales y conciencia en la sociedad sobre sus derechos. La dimensión del problema de discapacidad en la ciudad se desconoce.

Estos niños aprenden el sistema braille y actividades de motricidad fina en la Escuela Taller para Ciegos.
Por Ivonne Marcela Rodríguez
periodico15@unab.edu.co

A Azucena Tarazona le cambió la vida un accidente de tránsito en 1987. Tras varias operaciones y un proceso de rehabilitación de 17 años no ha podido ser la misma: "No pude ejercer más mi profesión de trabajadora social, excepto una vez en el Hospital San Juan Bautista como semivoluntaria. Sentí mucho rechazo en la búsqueda de trabajo y por eso tuve que aprender a pintar".
Esta mujer de 45 años tiene hemiplejia izquierda (parálisis de la mitad del cuerpo), problemas de fonación (voz) y a veces se le olvidan los nombres de las personas y los colores. En un principio no caminaba, no hablaba, no movía las manos ni le salía voz, por lo que dice fue un proceso muy duro de recuperación. "Yo era muy ágil para todo, pero al final tuve que resignarme".
Esa resignación y soledad se reflejaron en el encierro en su casa en el barrio Provenza. "Lloré mucho, me dio depresión e incluso intenté cortarme las venas. Fue mi hijo quien evitó que esto sucediera". Su refugio fue Dios, varios libros de autoayuda que descansan en la biblioteca de su habitación y los 12 cuadros que firma bajo el nombre de Susy. "Hago paisajes. Siempre busco algo agradable que me dé alegría y satisfacción, que lo aleje a uno de los problemas".
Pese a recibir el apoyo de su familia, atención médica, fisioterapéutica, psicológica y psiquiátrica, sostiene que en la ciudad no hay un programa de orientación para personas como ella. "Además, falta aceptación por parte de la sociedad, que no lo miren a uno como algo raro".
La sociedad que margina
Martha Elvira Martínez, psicopedagoga del Instituto de Adaptación Laboral en Santander (Ideales), explica que la sociedad mira a los discapacitados como 'pobrecitos' porque no entiende qué es la discapacidad: "El problema es de ignorancia. Discapacidad no es que no tengan la oportunidad. Cuando comprendamos que tienen las mismas posibilidades que nosotros, los aceptaremos en la familia y el trabajo".
Empleo en condiciones de equidad

Cada día, los discapacitados se enfrentan a los obstáculos que hay en calles y edificios de la ciudad.
La Joyería Christian Jaimes y Joyeros Ltda. trabaja con sordos desde hace unos 20 años cuando contrató a Leonel Martín González. "Ellos son más detallistas, más concentrados y disciplinados. Por lo general, más honestos", afirma Christian Jaimes, gerente de esta empresa.
Luz Amparo Pinilla, Claudia Yaneth Tarazona y el propio Leonel son tres de sus empleados con discapacidad. Ellos llegan todos los días a las 7 a.m. y realizan labores como fotograbado, secado, pulido, cepillado, revisión de mercancía, estampado, corte de figuras, y diseño de ojos y cuellos de los dijes.
Los tres coinciden en haber estudiado sólo primaria y en ingresar a la empresa sin ningún conocimiento de joyería. "Hace nueve años traje la hoja de vida sin saber nada y me aceptaron. Fueron mis compañeras las que me enseñaron a pulir", expresa Claudia, después de prestar atención con el audífono. Luego interpreta los signos que hace su compañero y dice: "A Leonel le era muy difícil comunicarse. Con nosotras ha aprendido a hacerlo. Todos nos comunicamos bien".
Olga Lucía González, subgerente de la Joyería, manifiesta que a ellos "se les paga y se les trata por igual respecto a los demás empleados".
La sociedad que margina
Carlos Virviescas, arquitecto urbanista y concejal de Bucaramanga, opina que es probable que se les den espacios a algunos discapacitados para realizar determinados oficios. Sin embargo, "no hay un programa social que tenga como meta acordar planes concretos que le permitan a los discapacitados ingresar a un cargo u oficio específico. Sólo las soluciones aisladas que ofrecen algunos propietarios de las empresas".
El rechazo laboral
Esther Tarazona, de 38 años y madre de tres hijas, nació con una displasia bilateral de cadera (anomalía en el desarrollo de la cadera) que se complicó después de presentar artrosis (alteración degenerativa de las articulaciones). Esta enfermedad le produjo una limitación en las piernas y por eso desde hace cuatro años usa dos bastones. Estudió instrumentación quirúrgica y cuando estaba en tercer semestre tuvo que empezar a usar bastón. "No lo utilizaba porque sentí el rechazo de mis profesores y compañeros, no me daban prácticas en lugares buenos. Prefería aguantar dolor".
Desde 1999 trabaja en la Clínica Bucaramanga. "Al principio iba sin bastón mientras me daba a conocer. Luego tuve que utilizarlo y varias personas se sorprendieron, otras me rechazaron".
La sociedad que margina
La educación es otro derecho fundamental que le violan a los discapacitados. Martha Elvira Martínez, de Ideales, revela que la Ley de Educación propone la integración de estas personas a las aulas regulares de los colegios. Esto para que la persona se desarrolle en forma adecuada, esté en sociedad, sea aceptado, comparta y no sienta rechazo: "La ley se cumple en algunas instituciones. Hay colegios que hablan de integración, pero lo que hacen es, por ejemplo, aislar a los niños síndromes de Down en aulas especiales".
Azucena Tarazona aprendió hace dos años a pintar tras no conseguir empleo como trabajadora social. / FOTOS CARLOS LUNA.
Aprender sin ver
La Escuela Taller para Ciegos permite a niños y jóvenes capacitarse gratis para integrarse a la vida escolar. Pero ahora pasa por una crisis económica. Nelson Suárez, invidente desde 1970 a causa de un tumor cerebral y docente allí, explica: "Antes tenía aportes de la Gobernación pero con la descentralización del sector educativo dejó de recibir estos recursos desde 1999. Ya no se hacen talleres para capacitación laboral. La Alcaldía sólo colabora con el personal docente y de servicios. Desde febrero esperamos el nombramiento de una ingeniera para capacitar a adultos en acceso a la informática".
La educación, en la mayoría de los casos, se da por iniciativa del discapacitado. Jorge Enrique Penagos, Claudia Yazmín Moreno y Wilson Gómez pertenecen a la Asociación de Discapacitados de Piedecuesta (Asodispie) y ya son profesionales o están por terminar una carrera. Penagos, de 27 años, es invidente de nacimiento. Se graduó como Técnico Profesional en Administración del Recurso Humano, del Sena, e hizo práctica como auxiliar en el área administrativa en Pollosan S.A., que recuerda como "una buena experiencia".
Claudia Moreno está próxima a graduarse en Licenciatura en Filosofía e Historia, de la Universidad Santo Tomás. Esta joven de 25 años, también invidente, trabajó en 2003 en un colegio de Floridablanca dictando clases de sociales y ahora prevé "la posibilidad de hacer un posgrado o trabajar en un colegio o una empresa".
Wilson Gómez está por culminar la carrera a distancia Profesional en Gestión Empresarial, en la Universidad Industrial de Santander (UIS). Su aprendizaje es gracias a estudiantes de undécimo grado que realizan la alfabetización en Asodispie y le leen los módulos de la carrera. Actualmente trabaja en Avicampo en el área de empaques.
Para todos, ir de un lado a otro es un problema. José Hernando López, Benito Chaparro y Luis Fernando Pabón, quienes se movilizan en silla de ruedas y venden lotería en la carrera 33, expresan que hay muchas barreras arquitectónicas: no hay facilidades para entrar a un edificio, un baño, un ascensor o subir a un bus. Las rampas son pocas en la ciudad.
La sociedad que margina
El concejal Carlos Virviescas explica que muchos profesionales que trabajan en diseño urbano "no fueron formados con un criterio muy humano y por eso no tienen en cuenta las facilidades para la movilización de todos. Los países en vía de desarrollo carecemos de recursos para diseñar los medios físicos necesarios".
El mundo pareciera hecho para personas sin problemas físicos o mentales. Pero sólo en Colombia, cinco millones de personas sufren algún tipo de discapacidad.
"El Código de Urbanismo fija las condiciones para desarrollar proyectos urbanos, pero ni el diseñador ni la administración pública las atienden"
Carlos Virviescas, urbanista