Noticia de Vanguardia 12 de Julio de 2007
Una luz que se convierte en una esperanza de vida
JAZMÍN RODRÍGUEZ
Lilia Alucema Jaimes es una mujer de 34 años dedicada al comercio de ropa. Esa actividad la desarrolla en su casa, para no descuidar a su familia. Jairo Enrique Puentes, es su esposo. Juntos tienen un hermoso hogar, por el cual trabajan y se esmeran para cultivar la tranquilidad, máxime cuando le dijeron a Lilia que esperaba su segundo hijo.
Con tan sólo dos meses de embarazo, Lilia veía su estómago muy grande, situación que era normal para el médico que la atendía, pero que para ella no dejaba de ser preocupante. Decidió entonces tomarse una ecografía, por su cuenta, para conocer su estado.
Una vez se practicó la ecografía, el médico encargado se preparó para darle a la pareja una noticia buena y una mala. La buena: se trataba de un embarazo gemelar. La mala: el corazón de uno de los gemelos no latía.
La incertidumbre se apoderó de la pareja y en ese momento la madre decidió visitar al médico Carlos Becerra, especialista en Ginecología y Obstetricia, único profesional en Colombia con suficiente preparación para atender casos de gemelos acárdicos, o, en otras palabras, cuando uno de los gemelos no tiene corazón.
Desde ese momento el Doctor Becerra se comprometió con el caso y empezó un tratamiento y control detallado de la gestación, con la práctica de dos a tres ecografías por semana.
Crecieron las complicaciones
Cuando Lilia cumplió los cuatro meses de gestación, el médico Becerra empezó a notar que el bebé muerto aumentaba su tamaño, realidad que dejó perplejo al especialista y a los padres de la criatura.
“Cuando uno de los bebés no tiene corazón, el hermanito tiene que asumir toda la carga armodinámica, es decir, debe mover la sangre de él, la de la placenta de él y la del hermanito”, afirma Becerra.
Una actividad en exceso pesada para un sólo feto, agotando el corazón del pequeño y causando una falla cardiaca que pone en riesgo su vida.
Becerra tomó cartas en el asunto y le explicó a la madre la posibilidad de aplicar el único procedimiento posible -conocido como Fetoscopia-, el cual podría salvar la vida de su bebé.
Se trata de un procedimiento quirúrgico mediante el cual se separan los dos fetos por medio de una sutura en el cordón umbilical del gemelo que no tiene corazón. No existía otra opción.
Ahí no radicaba el problema para los padres del bebé. La angustia se apoderó de ellos al enterarse de que un procedimiento como esos puede costar entre 10 y 12 millones de pesos. Un valor bastante elevado para las condiciones económicas de los progenitores, pero necesario para salvar al bebé sano y no poner en riesgo la salud de la madre.
“Uno hace por su hijo lo que sea. En ese momento mi vida no era relevante, importaba más la del bebé”, recuerda Lilia, quien instauró una acción de tutela como medio para exigir el derecho fundamental de la salud y la vida de su bebé.
Por fortuna la tutela no tuvo demora y a los ocho días de comenzar ese proceso legal, Lilia ya tenía una respuesta favorable.
De inmediato el ginecólogo y obstetra, y su grupo multidisciplinario de médicos, prepararon todo para el procedimiento quirúrgico.
La cirugía
Para toda cirugía existe un protocolo y ella, por más urgente que fuera la intervención, no sería la excepción.
Lilia ya tenía todo a su favor: una tutela que cubría todos los gastos de su cirugía y un grupo médico comprometido con el riesgo de hacer una intervención quirúrgica tan sólo con cuatro meses de gestación. Por esta razón no había otro trámite más, sino hacer la cirugía.
El día que fue programada, siendo las 6:00 p.m., Lilia ingresó a la unidad de cirugía con una carga emocional que ni ella misma entendía.
“Me sentía muy tranquila al principio, pero tan pronto vi que el momento estaba cerca, empecé a temblar de los nervios, pensaba en mi vida, en la vida del bebé, en mi esposo, todo fue muy confuso”, señaló.
Al ingresar al quirófano, un grupo de médicos conformado por un ginecólogo ayudante, dos intrumentadoras quirúrgicas, la anestesióloga, una enfermera y, por supuesto, quien lideraba la cirugía, el médico Carlos Becerra, la esperaban para comenzar un procedimiento que podría salvar la vida del bebé.
La anestesióloga, Martha Trujillo, quien ya había revisado en forma minuciosa la historia clínica materna con el fin de detectar enfermedades antiguas o desencadenadas durante el embarazo, procedió a aplicar anestesia general endovenosa.
Lilia perdió el sentido y se desconectó de su realidad por un par de horas, mientras el Dr. Becerra procedía a desprender al bebé sin corazón, de su hermanito sano.
Una instrumentadora se encargó del láser para hacer la sutura, la otra estaba atenta a las indicaciones de los médicos para actuar con gran agilidad. El ginecólogo ayudante visualizaba por medio de la cámara de endoscopia que cada movimiento milimétrico fuese correcto, mientras el doctor Becerra, desde su especialidad, coordinaba el trabajo multidisciplinario hasta que el láser suturó el cordón umbilical del gemelo sin corazón. Todo estaba terminado.
Un procedimiento que no demoró más de una hora, pero para el cual fue necesaria la unión de todas las especialidades pediátricas, dependiendo de la patología que presentaba el embarazo.
“Es la combinación de muchas tecnologías, muchas personas, diferentes habilidades y destrezas que se deben aprovechar para lograr resultados exitosos”, afirma Becerra.
¿Y después?...
Ese día, a las diez de la noche despertó Lilia y el médico Becerra le mostró las imágenes del bebé por medio de una cámara. Ella, asombrada, no se cansaba de darle gracias a Dios por su ayuda, según cuenta la feliz madre.
Lilia continuó con su embarazo y a los cinco meses de gestación los médicos debieron extraer un litro de líquido amniótico por medio de una aguja muy delgada que atravesó las paredes del estómago de la madre. Procedimiento invasivo que recuerda con dolor, porque se hace sin anestesia.
Sin embargo era necesario, porque cuando su bebé murió, el líquido amniótico creció, el feto sano quedó flotando y pudo haberse enredado con el cordón umbilical de su hermano muerto, ocasionando más estragos en el vientre de la madre.
Al líquido amniótico extraído le hicieron un estudio genético para descartar nuevas patologías como Síndrome de Down y otras malformaciones.
A las 30 semanas de gestación Lilia tuvo a su bebé por cesárea y de igual manera le extrajeron el feto que ya estaba muerto en el vientre de la madre.
La pareja decidió llamar a su hijo Joseph, un hermoso bebé de 40 centímetros y 1.500 gramos, talla favorable para ser prematuro. Desde ese momento el pequeño fue puesto bajo control con neonatólogos, una neumóloga y los mejores pedíatras.
El pasado 21 de mayo Joseph cumplió dos años de edad. Es un niño muy activo, curioso, dinámico y muy alegre, convertido hoy en el milagro hecho realidad de Lilia, Jairo y su hermanito Keneth de cinco años.
“Joseph es muy inteligente. Estamos muy agradecidos con Dios y el grupo de médicos que lo atendieron, especialmente con el doctor Carlos Becerra, porque atendió el caso como si fuera su propio hijo”, afirma Jairo, el padre del pequeño.
Hoy, esta familia recuerda con angustia lo ocurrido, pero vive con gran satisfacción cada vez que ve a su hijo caminar y hacer estragos en la casa.
Comentarios (1)
ojalá Usted si me conteste.
tengo un embarazo gemelar pero uno de los sacos se convirtió en mola completa; el otro es un feto hasta el momento sano de 14 semanas; no he tenido ningún síntoma de embarazo molar excepto que tengo el vientre como si tuviera 5 o 6 meses. Mi ginecólogo ha dicidido dejar que el embarazo siga evolucionando. yo tengo mucho miedo de lo que pueda pasar. ¿ Qué hago ?
Publicado por Rigel | Noviembre 13, 2007 1:33 AM
Publicado el Noviembre 13, 2007 01:33