Janeth Villegas y Ariel bailando tango

BAILAR A MEDIA LUZ

BAILAR A MEDIA LUZ

Ser feliz es tan fácil como querer serlo, aunque tengamos que pasar por las tristes batallas contra la discriminación, falta de sensibilización,
o la insuficiente atención en la rehabilitación de las personas en situación de discapacidad.
Muestra de ello es la gran motivación con la que se llega a contemplar la idea de ser algún día capaz de bailar el tango que sin duda genera a todo aquel que se acerca a su mágica expresión, un fuerte deseo por traspasar Cualquier barrera, una necesidad constante de acariciar cada melodía con el sentimiento mas intimo y el placer de ver reflejado en cada paso toda una historia de vida. Y todo porque la danza Tango, esta llena de virtudes educativas, recreativas, socializantes y culturales.
Por este motivo hoy quiero participar a todos aquellas personas que se animaron a leer estas líneas, un poco de mi hermoso matrimonio con el tango y su despliegue de posibilidades, pues desde que conocí esta maravillosa manera de vivir he dedicado un buen tiempo a observar la inevitable cualidad curativa de esta compleja danza en cada uno de los que la practican. Y siempre vuelvo a la misma conclusión, al ver que no soy la única que goza de las bondades de este bello baile y por eso es preciso describir algo de lo que conozco y a lo que he llamado “el tango rehabilitador”
Pues gracias a Dios he tenido la oportunidad de utilizarlo como herramienta para descubrir mis verdaderas barreras físicas y sobre todo actitudinales convirtiendo este duro proceso en una gran experiencia para compartir.
Diversos estudios realizados por médicos, psicólogos, deportólogos y artistas arrojan la incidencia que tiene el bailar tango en la salud.
Desde el punto de vista físico, se puede considerar como un deporte que armoniza el cuerpo, oxigena el aparato respiratorio y aumenta la capacidad pulmonar al igual que el aparato circulatorio y el corazón funcionan mejor.
Otras investigaciones neurobiológicas han demostrado que el ritmo produce un aumento de la actividad electro encefálica en el área de la corteza motora de una persona y la psiconeuroinmunologia ha demostrado como se transforman las emociones en sustancias químicas que influyen en el sistema inmunitario y otros mecanismos de curación del cuerpo.
Otros beneficios que se derivan de la práctica del tango son el aumento de la capacidad aeróbica y del tono muscular general, la flexibilidad y la expresión corporal. Esta danza aporta enormemente a prevenir enfermedades cardiacas, a mejorar la motricidad y el equilibrio.
Hasta aquí solo se han nombrado algunos de los beneficios que trae consigo el bailar tango, pero no se puede dejar de nombrar el efecto terapéutico, sanador y hasta rehabilitador de esta danza.
El tango desarrolla capacidades personales, como la concentración, la improvisación, la sensibilidad, la creatividad, la capacidad de reacción y la relación social. También ayuda a desarrollar aspectos comunicativos como son el interés y la entrega, la responsabilidad, la confianza propia y en los demás, la motivación y capacidad de disfrute, la actitud activa, los criterios propios y la valoración constructiva de los demás.
Esta danza ayuda a desarrollar la expresión personal del mundo interno, la capacidad de reflejo y reacción a diversos impulsos y estímulos, la capacidad de concretar una idea, la creación propia, la coordinación y la precisión.
La persona que baila tango aprende, disfruta, se esfuerza, reconoce, entiende y se entrega al otro. Aprovechando así los beneficios psicoemocionales propios de la danza.
Teniendo en cuenta que estar en situación de discapacidad, en mi caso visual ya es una condición física diferente, es preciso decir que para que el tango sea rehabilitador quienes lo enseñan deben conocer la situación especial de cada uno de sus alumnos, y mas aun si se presenta discapacidad pues cada caso es particular; y la necesidad de enfrentarse, superarse o rehabilitarse esta presente en cada instante de la vida porque así lo exigen algunos medios a los que pertenecemos que confrontan, excluyen o sencillamente ignoran que tanto somos capaces de hacer.

Solo recuerdo el bello momento en el que conocí la dulce y seductora melodía del tango, porque no importaban los prejuicios, las sorpresas ni el temor.
Era como si se acabara el tiempo y yo debía tomarlo entre mis manos o mejor trazarlo con mis pies, sin prever la ausencia de una mirada, sin desear ver más de lo que estaba sintiendo, sin pensar; solo contemplar la posibilidad que la música ponía en mi cuerpo.
Fue en una tarde de junio del año 2001 cuando la directora de la escuela de tango Piazolla Martha Mejia convoco a un gran número de personas con discapacidad visual a hacer parte del proyecto
“Mirando la vida con otros ojos” cuyo objetivo era formar bailarines y profesores con discapacidad visual que encontraran en la danza una alternativa socializante y lucrativa, que pudiera ser trasmitida a otras personas con el interés de aprender a bailar. Entonces asistí en compañía de mi hermano Hernán Andrés quien fue mi parejo durante dos años, en los que descubrimos habilidades y fortalezas para seguir danzando por esta nueva ruta.
Hicimos un excelente grupo de trabajo pues cada clase reunía nuestras diferentes formas de enfrentar la vida, para escribir una nueva en común. El humor, la camaradería, la perseverancia y hasta las molestias y desacuerdos dieron muestra en distintos escenarios de la felicidad de alcanzar una meta. Y todo porque contábamos con el talento, la exigencia y disposición de un gran profesor y amigo Oscar Eduardo Beltrán al que nunca olvidare por todos los momentos en los que se dedico a conocer mas de mi. Y porque gracias a su rigidez conocí mi tenacidad.
Admito que no ha sido fácil el proceso de identificar mis barreras físicas de las actitudinales, pero después de hacerlo siento la alegría de ser libre ya que a veces somos prisioneros de nuestros miedos y nuestros fracasos anticipados y cualquier acción por difícil que parezca se debe contemplar teniendo en cuenta que nuestras posibles debilidades pueden ser sin duda las fortalezas requeridas para realizarla.
Y es precisamente en este punto en el que coinciden algunos profesores que han hecho parte de mi proceso, cuando engrandecen mi sensibilidad y percepción y agregan que en ocasiones para desarrollarla en las personas videntes han recurrido al ejercicio de vendarles los ojos.
Pero es ante todo un encuentro con el propio cuerpo, un abrazo con la consciencia, un desplazamiento por todas las emociones que la música produce, una entrega total a tus sentidos, un placer absoluto al descubrir tus capacidades y una sensación infinita al disfrutar de tu voluntad. Si, bajo este sentimiento he transcurrido por muchos salones de clase y he conocido bellas personas, he bailado con reconocidos bailarines, he participado en buenos espectáculos y he recibido orientaciones de grandes profesores y admirables artistas. Aunque también y hay que mencionar que he invertido tiempo y dinero, pero es lo justo cuando de alcanzar un sueño se trata.
Así como también debo anotar los duros momentos por los que he tenido que pasar al hacer toda esta metamorfosis porque si bien el tango es visto por muchos como un baile difícil y complicado también es realizado por otros con habilidad y agilidad.
Yo siempre lo vi con respeto por su complejidad y belleza, pero nunca imagine poderlo bailar; y en el camino he sentido desfallecer porque aparecen los síntomas de aquello a lo que yo llamo la “intimidad de la persona con discapacidad” que se refiere a aquello que solo puede percibir nuestro espejo, nuestra almohada, nuestro osito de peluche o simplemente se guarda en el cofre de nuestro corazón. Porque no queremos que nadie sepa que le atribuimos nuestro agotamiento, fracaso, temor u otro sentimiento abatidor a esa situación que de igual forma nos hace sentir muy especiales. Y fue en estos momentos de introyeccion en los que llegue a pensar que nunca iba a poder girar sin apoyarme en el equilibrio de otro, porque tenía visión unilateral y me preguntaba como haría para desplazarme en busca de mi parejo en una tarima sin tambalear, o como iba a sostener la mirada mientras bailaba, en fin aun me pregunto si podré compartir algún día un tango de escenario con un bailarín profesional sobre todo porque no les importe a algunos lo estético sino el talento y obviamente por la exigencia física que esto representa pero lo que mas me cuestiono es si seré capaz de llegar a la meta para la cual siembro cada semilla en cada esfuerzo y en cada sonrisa, la de ir a Argentina.
Afortunadamente tan solo son instantes que no se pueden arrebatar porque son regalos que la vida nos hace para respondernos con el tiempo que tan alto queremos volar. Y finalmente reconocer con honestidad nuestras capacidades para vencer nuestros propios límites o renunciar con altura a lo que por alguna condición no podemos realizar.
En lo personal de eso se trata la rehabilitación y gracias a todas las herramientas que he recogido durante este peregrinaje por el baile del tango he recobrado la vitalidad en distintos momentos de mi vida. He fortalecido la espiritualidad necesaria para guiar con fe los traviesos pasos de mis dos bellas hijas Jimena Alejandra y Ángela Sofía y acompañar con semblanza el caminar de Edward mi esposo.
Pero esto no termina aquí porque desde el momento en que me enamore de esta expresión de amor que hoy es mi fuente de energía, una hermosa puerta que Dios abrió para que recibiera a través de ella cuando lo deseara, los rayos de luz que El me envía, descubrí que solo es cuestión de buscar porque siempre hay a donde llegar y por esta razón encontré la escuela de danza Tango Vivo en donde me recibieron con los brazos abiertos sus directores y esposos Edwin Chica y Lina Valencia a quienes conocí hace algunos años en las milongas del bar Piazolla y desde entonces admiro por su inigualable manera de trasmitir su amor al danzar. Y para hacer más valioso mi tesoro inicie clases personalizadas con un profe encantador que desde el primer instante en el que me tomo de la mano me transmitió confianza, amistad y serenidad para iniciar un baile que hasta hoy solo ha traído a nuestras vidas riquezas y sabiduría. Bayron Alonso Torres excelente bailarín, profesor por vocación, gran amigo y actual Campeón Nacional en la categoría de tango escenario en la eliminatoria colombiana al mundial de tango 2008 habla de su experiencia al enseñar a personas con discapacidad visual “se trata de pensar no en la discapacidad, sino en la capacidad que tiene cada quien para lograr los objetivos, siempre tener metas a cumplir a largo y corto plazo y ofrecer como acompañante de este proceso alternativas para alcanzar dichas metas.” Para mi fortuna este pensar ya ha arrojado resultados sorprendentes que celebramos con un choque de manos, un abrazo o el sabor de una milonga. “invito a todas las personas con discapacidad a que busquen en el tango una alternativa de mejoramiento a sus situaciones, así como lo hizo Janeth quien encontró en el una forma de sentir diferente y mejor aun se dio cuenta que simplemente con proponerse y arriesgarse a llevar su proceso con paciencia se pueden vencer muchos temores, pues solo bastaba con realizar lo que ella consideraba imposible para aprender que es realmente bailar”.
Y a esto le sumo que no solo doy gracias a todos aquellos que han aportado a mi aprendizaje en el tango, sino a mi familia que ha sido mi publico selecto, fiel y paciente, a aquellos amigos que reconocen mi talento y a todos aquellos que admiran esta historia, porque confían en que al abrirse el telón, encontraran muchos artistas que sin importar cual sea su situación hacen de su experiencia un espectáculo digno de aplaudir.

Janeth Cristina y Ariel

Janeth Villegas y Ariel bailando tango

Janeth Cristina y Ariel