AFECTO EN LA EDUCACIÓN ESPECIAL

LA IMPORTANCIA DEL AFECTO EN LA EDUCACIÓN ESPECIAL
Uno de los temas álgidos cuando se habla de educación es el tema del afecto, ¿debe ser el profesor cálido con el estudiante? O ¿debe tener una relación formal en la que no se involucre afectivamente con sus alumnos para evitar faltas de respeto o afectarse demasiado con las problemáticas del niño? Esta discusión cobra mas importancia a la hora de hablar de educación especial puesto que en este tipo de educación el alumno requiere mayor compromiso de parte del docente pues la discapacidad le exige al profesor más estrategias, mayor creatividad para hacer que sus alumnos comprendan y aprendan y una mayor tolerancia frente a las diferencias de sus alumnos, además cuando un profesor enseña a alumnos con discapacidad, se movilizan sus recursos afectivos, salen a la luz sus prejuicios acerca de la discapacidad.

¿Qué es el afecto?

Para empezar es importante identificar que significa afecto, el afecto es una proceso de interacción social que se da entre dos o más personas, es algo que fluye y se traslada de una persona a otra, es diferente de la emoción pues la emoción es una respuesta individual interna y no requiere la interacción con otro. Brindar afecto requiere un esfuerzo y una intencionalidad, pues las personas se esmeran en demostrar ese afecto y fomentan conductas para ello. Se puede definir también el afecto como el trabajo no remunerado en beneficio de la supervivencia de otras personas (Marteles, 1998) las necesidades de afecto dependen de muchas circunstancias, las personas que han recibido afecto en su infancia y en el transcurso de su vida tienen parte de ese afecto recibido como un recurso a la hora ser afectuoso con otro, pueden expresar emotividad de una manera más natural y espontánea que aquellos que no lo han recibido. Las personas que más afecto necesitan son las personas más vulnerables o dependientes en una sociedad, como los niños, los discapacitados, los ancianos y los enfermos.



Efectos del déficit afectivo

El déficit afectivo provoca que el cerebro esté sometido a un estrés excesivo debido a que, o bien tiene que atender a demasiadas situaciones que aún no está preparado para resolver, en el caso de los niños, o bien tiene que atender a demasiados problemas de otras personas, dejando de lado los propios problemas, en el caso de los adultos (Marteles, 1998).

En los niños, el déficit afectivo se produce tanto por subprotección como por sobreprotección. La subprotección hace que el niño deba afrontar problemas sin tener la capacidad suficiente para superarlos, lo que conduce a un desarrollo desequilibrado de sus capacidades y de su personalidad. Por el contrario, la sobreprotección hace que el niño no adquiera los aprendizajes necesarios para sobrevivir, es decir, que sufra un grave déficit de desarrollo, de modo que, posteriormente, será incapaz de afrontar los retos que le imponga la vida. Ayudar al desarrollo de un niño significa protegerlo de las situaciones que no puede superar y enfrentarlo a las situaciones que sí tiene capacidad para resolver. (Marteles, 1998)

¿Cómo debe ser el profesor que trabaje en educación especial?

Los niños con discapacidades son demandantes de una gran cantidad de afecto especialmente al conocer las historias de ellos podemos identificar muchas experiencias en las que los padres por no aceptar las discapacidades de los hijos los abandonan o les maltratan son niños que crecen en situaciones carentes de afecto y de muestras de ternura, por tanto al llegar al aula escolar esta demanda de afecto recae en la profesora quien aunque no debería ser la primera fuente de afecto de los niños en ocasiones se convierte en la única que lo proporciona y ahí se vuelve a la pregunta inicial ¿favorece el proceso educativo de los niños especiales que los profesoras de los niños sean afectuosas? Los niños con profesores afectuosos demuestran una mejor disposición y motivación en el aula, presentan mejores relaciones con sus compañeros y sus actitudes son más positivas, los profesores afectuosos se preocupan mas por tener un contacto individual con cada niño (aun en grupos grandes) identificando la manera en que el niño debe ser tratado y conociendo la forma adecuada de reforzar positivamente a su alumno, al realizar contacto físico con el niño el profesor le transmite una seguridad mayor y favorece la formación de una autoestima adecuada, cuando el niño ve en su profesor a una persona cercana puede confiar en el cuándo en el y tendrá a quien acudir en caso de necesitarlo.



Un profesor afectuoso es más tolerante a las dificultades que presente el alumno, a los comportamientos desadaptados que presente ocasionados por su discapacidad o por las carencias afectivas a que ha sido sometido, el afecto se puede demostrar con lenguaje verbal o no verbal dentro del aula de clase, contacto visual afectuoso, una caricia, un abrazo, una palabra de felicitaciones o de aliento, pedir a sus compañeros que lo aplauda cuando ha realizado una acción positiva. De igual manera un profesor afectuoso no deja de lados las normas y los límites, el profesor afectuoso debe manejar un equilibrio para determinar cuando debe demostrar al alumno que su comportamiento fue inadecuado y la manera en que debe corregir su conducta. De igual manera debe evitar involucrase demasiado pues esto puede hacer que se afecte con las dificultades del niño lo que le impedirá tomar decisiones adecuadas y objetivas, por eso debe tener muy presente cual es su rol como maestro sin exceder sus funciones para de esta manera dar un trato afectuoso a todos sus alumnos.



Por esto el rol del maestro debe estar muy bien delimitado, encontrando un balance entre la autoridad que no se debe perder en un salón de clase y la vinculación afectiva que se debe tener para promover el desarrollo del menor. Daniel Goleman (2000) en su libro Inteligencia Emocional plantea la importancia de que los profesores y padres realicen en si mismos un proceso de mejoramiento y conocimiento de sus emociones, que les permita dirigir sus emociones de manera que pueda alcanzar resultados exitosos. Esto permitirá que el profesor maneje diversas situaciones dentro del aula de clase. Para responder a la pregunta planteada anteriormente se puede afirmar que el profesor afectuoso si favorece el proceso educativo, pues se ha demostrado que los niños con suficiente contacto avanzan mas en su desarrollo, su capacidad de aprendizaje es mayor y tienen un promedio de vida mas largo, el afecto eleva la capacidad inmunológica del organismo y acelera los procesos de autocuración. La presencia de afecto en el aula disminuye la agresividad y las conductas autoeróticas y estereotipadas, el contacto físico es terapéutico y curativo. El maltrato o la indiferencia produce niños más agresivos, con tendencias a la depresión, incapaces de relacionarse afectivamente y menos motivados ante el aprendizaje.

Bibliografía

MARTELES, ¿QUÉ ES EL AFECTO? Barcelona, 1998http://www.biopsychology.org/biopsicologia/articulos/que_es_el_afecto.htm GOLEMAN, D, INTELIGENCIA EMOCIONAL Ed. Javier Vergara, Argentina, 2000