NO TIEMPO, NO ESPACIO
SÓLO UNIÓN


“La amistad es un tesoro” es una de las frases más repetidas durante nuestras vidas, pero me pregunto si todos llegamos a comprenderla. De ser así, para cada uno representará algo único, exclusivo, determinado por las circunstancias propias y de quienes llamamos amigos.
Para mí hoy día la amistad es lo mínimo que puedo ofrecer a quien a mi vida llega, es una posibilidad latente que se activa y desactiva diariamente; con algunas personas se mantiene encendida, con otras llega a tomar algo de fuerza pero se desvanece pronto. ¿Qué establece o hace que la amistad surja? No tengo una respuesta acertada, pero sí puedo estar seguro del momento en que conocí a quienes llamo mis amigos, aunque no recuerde el momento concreto en el cual empecé a llamarlos amigos, simplemente sucedió.
La amistad como categoría es una sola, pero tiene infinitos matices. Cada uno de mis amigos es un matiz que al conjugarse con el mío produce uno nuevo. Éstos rompen barreras tales como la distancia, los disgustos, los gustos, nuestras propias expresiones particulares de la vida como son nuestras cosmovisiones manifestadas en lo religioso, lo político, lo cultural, lo físico, en todo aquello que nos hace individuos particulares atrayentes para los demás.
En realidad considero que cuando nos relacionamos con otros ponemos en juego nuestro corazón, nuestra pasión por sí mismos, nuestros miedos, nuestras fortalezas, nos volvemos vulnerables porque el otro es un espejo que refleja una parte de sí mismo, en ocasiones conocida, en otras desconocida, allí sentimos alegría, tristeza, dolor, rabia, etc. Allí crecemos, decrecemos y nuevamente crecemos.
En la amistad ponemos nuestra pasión por la vida en juego. Decidimos qué dar, qué ocultar, hasta dónde abrir la puerta que nos hace únicos para que otro la traspase y nos conozca: ante ese otro mostramos, de manera sincera, las máscaras que nos hacen y son partes de nuestra esencia. Allí empiezan a conocer tus fortalezas y tus debilidades, comienzan a ponerse en juego las sincronías de nuestras energías encaminadas a demostrarnos que para la amistad el espacio y el tiempo no existen, se convierte en un lazo invisible pero fuerte como la montaña más alta, noble como el corazón más puro, sincero para arriesgarse a obtener la furia del otro cuando la verdad le dices, pero también dispuesto a encontrar allí, en esa puerta abierta, el consuelo, la escucha, el abrazo, las palabras que necesitas, no las que tú quieres.
La amistad es superar el dolor y la tristeza de aquellos que, por diferentes motivos, dejan de formar parte de tu vida, pero que dejan grandes huellas, lecciones que te hacen ser mejor.
Trascender el tiempo es peculiar de la amistad, no importa cuánto lleves construyéndola, siempre hay algo nuevo, cada día, para aportar, para aprender, tú lo tomas o lo dejas.
Es posible que esos matices equivalgan a niveles de amigos, pero siguen siendo amigos, siempre y cuando se recuerde que es cuestión de dos: unas veces uno da más, otras veces el otro.
Aún cuando como amigo me gustaría poder compartir todos los momentos cruciales de mis amigos, me es imposible, pero soy feliz cuando ellos son felices, comparto sus tristezas, trato de aportar a sus opciones ante cualquier circunstancia, trato siempre de hacer presencia, aunque muchas veces sea sólo de corazón.
Ser amigo es uno de los artes más difíciles, porque allí tú cantas, esculpes, pintas, bailas, escribes las cuerdas de tu propio ser y de los otros. Todos somos artistas de la vida, sólo que lo recordamos muy poco, lo cual disminuye las posibilidades de tomar conciencia de la responsabilidad, que a cada uno de nosotros corresponde en este maravilloso engranaje donde brilla lo magnífico y verdaderamente sorprendente: LA CONCRECIÓN DE LO ABSTRACTO, es decir, donde todos somos iguales en posibilidades pero diferentes en expresiones únicas donde la AMISTAD es una de ellas, permitiendo amar a quienes te aman, querer a quienes te quieren, extrañar a quienes te extrañan, saber ser con quienes contigo son.

Grito tu nombre,
No respondes.
Vuelvo y te llamo,
A mí lado ya estás.





Erwin Yesid Angarita Guerrero