LA RESILIENCIA

La resiliencia es un termino que no pertenece originalmente al campo de la psicología mas bien ha sido usado por la Ingeniería para mostrar que los materiales que han sufrido presiones fuertes tienen la capacidad de regresar a su estado inicial, cuando hablamos de resiliencia en Psicología vemos que ser una persona resiliente no quiere decir que se curen totalmente las heridas sino que se aprende a vivir con estas cicatrices y se hacen parte de la vida pasando a una nueva etapa de maduración.

De acuerdo a la planteado por Trujillo, 2005 se ha descubierto el desarrollo y funcionamiento del cerebro a partir de las bases biológicas del fenómeno de la resiliencia, así como su contribución con los procesos de desarrollo psicofisiológico. Debe tenerse por entendido que la resiliencia no es algo que se adquiera o no se adquiera, sino que conlleva a conductas que cualquier persona puede desarrollar y aprender.
Cuando se piensa en promover la resiliencia en una persona, estamos buscando estrategias que permitan el desarrollo de los seres humanos; fomentar la autonomía, la autoestima, la creatividad y el humor, expresado este último en la alegría, la capacidad de jugar y relacionarse con los otros, y afianzar los factores protectores externos, tanto del grupo familiar como del entorno en general.

Es importante brindarle al niño los elementos requeridos para que: juegue bien, trabaje bien y tenga buenas expectativas hacia el futuro, que pueda establecer contactos amigables, que se muestre activo, flexible; que pueda comunicarse abiertamente, que exprese lo que piensa sin temores, que pueda demostrar afecto, que ame a su familia y su comunidad, y que logre lo que buscamos con esta propuesta (OMS, 2000)

En lugar de preguntarse por las causas de la patología física o espiritual que esas catástrofes generan, el nuevo punto de vista supone indagar de qué condiciones está dotada esa minoría; por qué y de qué manera logra escapar a los males propios de los llamados “grupos de riesgo”. El hecho de que la adversidad no deriva irrevocablemente en individuos dañados, se ha mostrado que la conformación de éstos, depende, no simplemente de factores condicionantes como, por ejemplo, los recursos económicos, la alimentación, el nivel educativo de los padres, la estimulación materna o la disponibilidad de material lúdico, sino, fundamentalmente, de los mecanismos y las dinámicas que ordenan el modo cómo ellos se relacionan (Trujillo, 2005)

Invertir en la resiliencia seria mucho más barato y seguramente se lograra a mediano plazo la reducción de algunos efectos adversos como la delincuencia, la prostitución, la violencia, drogadicción, pero queda una gran duda al aire donde queda la justicia social y el desarrollo humano para cada uno como individuo no uno más generalizado que por lo común hace que las personas vayan perdiendo la seguridad de lo que son y lo que valen. (Ángeles, R. y Morales, J. 1995)

Los seres humanos en circunstancias especialmente difíciles requieren una mano amiga, un acompañante un "cómplice significativo" que les permita crear
lazos y vínculos consigo mismos, con los otros y con su entorno. Todos estos enunciados son caminos de vincularidad que suscitan el potencial humano de
la resiliencia.

Lo que hace que un individuo desarrolle la capacidad de ser resiliente es la formación de personas socialmente competentes que tengan la capacidad de tener una identidad propia y útil, que sepan tomar decisiones, establecer metas y esto involucra lugares sociales que implican a la familia a los amigos y las instituciones de gobierno de cada país ( Ramírez, 1995).

Nan Henderson (2003) plantea 12 Factores protectores ambientales: Características de las familias, escuelas, comunidades y grupos de pares que fomentan la resiliencia Promueve vínculos estrechos.

Valora y alienta la educación.

Emplea un estilo de interacción cálido y no crítico.

Fija y mantiene límites claros (reglas, normas y leyes).

Fomenta relaciones de apoyo con muchas otras personas afines.

Alienta la actitud de compartir responsabilidades, prestar servicio a otros y brindar “la ayuda requerida”.

Brinda acceso a recursos para satisfacer necesidades básicas de vivienda, trabajo, salud, atención y recreación.

Expresa expectativas de éxito elevadas y realistas.

Promueve el establecimiento y el logro de metas.

Fomenta el desarrollo de valores prosociales (como el altruismo) y estrategias de convivencia (como la cooperación).

Proporciona liderazgo, adopción de decisiones y otras oportunidades de participación significativa.

Aprecia los talentos específicos de cada individuo Bernard (1991) propone 3 recomendaciones fundamentales para que las escuelas se conviertan en promotores de la resiliencia en los niños:Brindar afecto y apoyo: El más importante de todos los elementos que promueven la resiliencia, es casi imposible “superar” la adversidad sin el soporte del afecto. No necesariamente debe provenir de la familia biológica, lo puede brindar docentes, vecinos, amigos, trabajadores sociales y hasta las mascotas.