JANETH CRISTINA

VER A TRAVÈS DEL CAMINO

Quisiera poder hablar de mis primeras sensaciones luego de llegar por voluntad del creador a los brazos acogedores de papa y mama. Pero solo puedo sustentar la grata sensación de bienestar que siento al ver mis fotos de recién nacida gracias a los relatos de mi madre sobre el momento de mi nacimiento que al parecer fue un acontecimiento familiar que lleno de alegría a todos.
Pero también puedo ver el rostro de mis padres sonriendo frente a su nueva bebe, con una mirada de incertidumbre y tratando de no revelar sus sentimientos encontrados apenas normales frente a la dura experiencia que iniciaban; su segundo hijo con discapacidad visual.
Si fue difícil pensar en todo lo que deberían hacer para lograr que la vida de su pequeño Hernán fuera normal, ahora si que era cierto que necesitarían llenarse de valor para encontrar una acertada ayuda profesional. Pues dos seres a los que amaban profundamente percibían el mundo con cuatro fuertes sentidos y uno que empezaban a conocer.
Pero es cierto que “Dios sabe como hace sus cosas”
Porque cerca de este hogar había dos experiencias más, de dos personas muy cercanas que también presentaban discapacidad visual, una tía materna y una tía paterna.
que pese a las circunstancias de la época en lo que se refiere a la interpretación y manejo de la discapacidad, llevaban una vida aparentemente normal; que indiscutiblemente servían de ejemplo.
Aunque en definitiva los que asumieron con valentía la responsabilidad de educarnos, en otras porque no había otra opción fueron nuestros padres, Gustavo y Alba Marina.
Se que estuve en apartamento de bebes en el instituto para niños ciegos y sordos de Cali, cuyo objetivo era iniciar la estimulación sensorial, y ofrecer alternativas para apoyar la etapa de gateo y primeros pasos, creo que me sirvió mucho porque en poco tiempo competía en carreras de triciclo y a veces ganaba.
Sin duda una de las mejores épocas de mi vida fue en la primaria del Instituto, allí conocí grandes personas y bellos amigos, fui artista bailé, canté, actué, participe en revistas de gimnasia y me destaque por mis medallas de excelencia, la típica niña que esta en todo; pero mi hermanito no se quedaba atrás, gracias a nuestra apariencia y simpatía siempre estábamos en los protagónicos, los dos estudiamos juntos.
En las tardes estudiaba teatro en el conservatorio de Cali y los sábados practicaba natación.
Mas adelante llego el momento de la integración escolar y después de un duro periodo de búsqueda, que fue desconsolador gracias al gran numero de puertas cerradas literalmente en nuestras narices llegue al colegio La presentación San Fernando, donde la hermana Teresa Maria Acosta me acogió con los brazos abiertos, entoncse inicie el proceso de admisión y obtuve los mejores puntajes en las pruebas.
Entonces empecé mi bachillerato y la dura etapa de la adolescencia, en donde tuve fuertes encuentros con mi realidad y sobre todo mucha reflexión para aceptarla.
Durante esta etapa conocí el amor y viví un noviazgo muy adolescente pues un niño a quien nunca se le paso por la cabeza enamorarse de una “visquita” como me llamaban los chicos una noche se atrevió a seguirme burlándose de mi, moviendo los ojos y haciendo muecas, con las que hacia reír a carcajadas a sus amigos, pero con tan poca suerte que se cayo y entonces entré en acción defendiendo mi respetable condición: lo mire por encima del hombre me sonrei y le dije “ por lo menos yo no me caigo por gorda, tonta y fea”. Esto cambio el cuadro y ahora la burla era para el que al final termino siendo chiflado por sus amiguitos.
Quedo cautivado y en pocos días empezó su tortura porque me visito durante dos años y medio como amiguito tratando de conquistarme con miles de detalles y cambiando notablemente su aspecto personal, sus modales y sus intereses; después de ver como aprendió a respetar a los demás y conocer su bello corazón acepte ser su novia, sin imaginar que sus celos excesivos serian el motivo para finalizar un romance de cuatro años, que hoy recuerdo con cariño y gratitud segura de que “toto “ ha sido el hombre que más me ha amado y que fue realmente hermoso.
Al mismo tiempo que iniciaba el camino del amor emprendía el valioso camino de la amistad pues tuve buenas relaciones con todas mis compañeras pero conocí a dos excelentes amigas que aun conservo entre ellas a mi querida y super mejor amiga Vicky.
Con ella he pasado verdaderas pruebas de amistad y momentos inolvidables de risas y disparates.
Pero a medida que iba creciendo conocía y conocía más amigos y empezó la etapa de la rumba, muchos pretendientes, buenas amigas, paseos, asados, nada de licor y cero cigarrillo.
Tenia 16 años cuando me invitaron a formar parte del grupo scout de confenalco Cali, y fue así como volví a mi vida scout, pues cuando niña compartía este gusto de mi mama quien fue jefe de guías scouts en Nariño, y también asistí a la manada del grupo águilas 31.
Ahora la rumba era diferente.
Paisajes que Dios nos regalo para admirar, caminatas, campamentos, noches de guitarra, misticas fogatas, marañas, pruebas de coraje, lealtad, humildad, amistad y muchos retos. Tuve que vencer miles de temores, aprendi a compartir mi discapacidad sin convertirla en un problema.
Una de las oportunidades que más ha aportado a mi personalidad sin duda fue la vida scout.
Y fue precisamente en el movimiento scout donde conocí a Edward, un joven con el que experimente el amor a primera vista, pues desde la misma noche que nos vimos, en algún lugar quedo una estrellita titilando para anunciar que el amor tocaba de nuevo a mi puerta.
Todo fue muy rápido, fuimos amigos, novios y pronto nos enfrentábamos a la bella experiencia de ser padres.
Nos casamos y entonces empecé otra etapa de mi vida que me exigía madurar. No solo porque había tomado una decisión de grandes, sino porque el hecho de asumir tener una vida sexual a los 18 años debe hacer que respondas con firmeza a la realidad de ser mamá.
Mientras mi abdomen empezaba a crecer mi fe aumentaba, pues era lo unico que podía darme la confianza de que mi bebe no tendría discapacidad, pues es un temor que siempre aparece, pero en mi caso pese a los examenes genéticos que nos realizaron a varias personas de la familia y al porcentaje de probabilidades que existía; pasadas 39 semanas de gestación muy a las 2 de la mañana del 2 de agosto de 1994, sentí que me inundaba “una aguita” que no cesaba, porque había reventado fuente y entonces inmediatamente nos fuimos a la clínica a esperar el momento de la cesárea, pues yo no debía, ni por el tamaño de la bebe ni por el glaucoma, tener un parto normal.
Fueron momentos de mucho dolor, ansiedad y sobre todo felicidad, y por fin estaba mi bebita con nosotros. Grande y hermosa, y sanita que es lo más importante, siempre que se espera un bebe, pero aunque sabíamos como estaba no faltaron las miradas y preguntas disimuladas de quienes deseaban ver sus ojos para confirmar que estuvieran en perfecto estado, sin embargo yo reste importancia a tanta curiosidad y simplemente disfrute de ese bello momento porque al fin y al cabo era mi momento, aquel en el que me convertía en mamá.
Mi sentir de madre, mis manos, y el resto de mis sentidos, se potencializaron para cubrir esa parte de visión que me restaba, con el fin de no perder un solo detalle en el cuidado de mi bebita.
Así vivía mis 19 años de vida, asumiendo dos roles para los cuales todos nos preparamos gran parte de la misma. El de esposa y madre, Jimena Alejandra comenzó a crecer y obviamente yo sentía la necesidad de hacer mi vida, sin dejar nunca mi responsabilidad. Entonces termine mi bachillerato en un colegio acelerado y aplique para la UNIVALLE, con la fortuna de quedar en el programa de Terapia Ocupacional.
Como primípara pase por muchas cosas con la cómplice compañía de mi hermanita menor, quien iniciaba fisioterapia, juntas nos gozamos desde las amanecidas estudiando, hasta las apariciones de los encapuchados.
Transcurrieron los tres primeros semestres y todo iba muy bien, hasta que tuve que matricular anatomía,
¡Bendita materia!
No imaginaba que tendría que matricularla tres veces, pues no se pudo encontrar la manera de enseñarle a la primera persona baja visión, que estudiaba en la facultad de salud, el método ya estaba implantado y pese a los esfuerzos que al final hizo la profe y a mi insistencia, para lograr ubicar algo en mi propio cuerpo, preferí cancelarla. Nunca supe si me falto más interés o difícilmente algún día podría pasarla, pero fue una de las razones por las cuales me retire de la U y aunque mi cupo siguió intacto, el temor de volver a lo mismo y perder mi tiempo me lleva a no pretender más, en todo caso gracias a las otras materias logre el sexto semestre factorial.
Otro motivo muy poderoso por el que tome la desicion fue mi trabajo como profesora de preescolar, sin saberlo empecé a estudiar pedagogía en la mejor universidad, la experiencia y obviamente los libros y muchas conferencias, videos y artículos, que me exigía estudiar mi jefe, pues nunca volveré a ver a alguien que se exija tanto y que persevere tanto impulsando a todo aquel que este interesado en trabajar en sus proyectos. Mi madre.
Entonces comenzó una etapa bastante activa y satisfactoria, mi pequeña hija iniciaba su colegio y yo trabajaba en un lugar que ocupaba la mitad de mi corazón. Destellos: “educando con amor y cada día mejor”
Se pusieron a prueba todos mis saberes y descubrí mil talentos además de potencializar mi capacidad de amar. Seis años de mi vida dedicados a aprender a través de los niños y niñas, a entregar lo mejor de mi, a planear de una manera responsable lo que enseñaría, a adaptar mi visión de tal forma que pudiera realizar todo lo que ellos necesitaban sin que yo fuera la barrera, a traspasar mis temores, a crecer como persona y sin duda como madre.
Todo esto gracias a la confianza que deposito mi mamita Alba Marina Angel nombrándome coordinadora de su Destellos de amor.
En medio de mi rutina como mama, esposa universitaria profesora, y scout, se presento una oportunidad hermosa, Mi hermano me invito a formar parte de un grupo muy especial cuyo objetivo era aprender a bailar tango;
”Mirando la vida con otros ojos” un proyecto de la escuela Piazolla creado por Martha Mejia su directora, este baile era algo que yo había admirado toda mi vida y sin dudarlo asistimos a la primera clase que para mi se convirtió en la salida a una carrera que prometía un excelente premio y sin importar si encontraría obstáculos, arranque con todos los motores, con el mejor de los parejos, el mas prometedor, el mas acorde a mis sueños, mi hermano.
Aprendimos y practicamos durante dos años y el decidió no volver a la academia.
Me quede sola pero nada hizo parar mis ganas de ir a Bogota al show que la escuela presentaría en esta ciudad.
Valiéndome de mi talento y mi perseverancia y haciendo muchos esfuerzos económicos y de convivencia, llegue al Jorge Eliécer Gaitan a Libertango un espectáculo que se robo miles y miles de aplausos sobre todo cuando “los Mirando”, como nos llamaban los otros grupos de la escuela bailamos una coreografía impecable, gracias a la exigente labor de Oscar Beltrán, nuestro profesor.
Desde entonces mi pasión por el tango es una parte intocable de mi vida en la que he involucrado inocentemente a todos los que me rodean.
En febrero del 2004, me encontré con una sorpresa maravillosa, estaba en embarazo, esperábamos nuestro segundo hijo. Pretendía que nada cambiara mi ritmo de vida, pero no contaba con que fuera un embarazo que requiriera mucha quietud.
Hospitalizaciones, muchos días en cama, miles de malestares, no hicieron posible que siguiera practicando tango y tuve que ausentarme de mi trabajo en muchas ocasiones. Pero no importaba nada, porque volvería a ser mama.
En noviembre 2 llego una angelita preciosa a nuestra familia, pequeña, muy blanca y de pelito negro, la misma felicidad de la primera vez ocupaba todo mi corazón y no dejaba de agradecer a Dios porque Angela Sofía también nació bien de sus ojitos.
Lamentablemente para mi tuve que pasar de manera ambigua uno de los peores momentos de mi vida. Quede muy mal de la cesárea y la primera noche no podía ni mover la cabeza, luego de llegar a casa, mi abdomen crecía no aguantaba el dolor y tenia mucha fiebre, mi esposo y mi hermana me llevaron a urgencias y me tuve que quedar hospitalizada con el dolor de alejarme de mi bebita y la tristeza de no poder estar con mi pequeña Jimena Alejandra, pero Dios todo lo premia y pese a lo grave que estuve y a pesar de todo lo que padecí, volví con la condición de hospitalizacion en casa y después de todo el antibiótico y a las pocas probabilidades medicas, pude alimentar a mi bebe.
Ahora era madre de dos hermosas niñas, seguía trabajando en el jardín, y me dedicaba a recuperarme de todas mis tristezas.
En junio del 2005 mi mami tomo la decisión de cerrar el jardín por motivos muy ajenos a la voluntad de educar.
Yo que conocía toda la realidad de la institución apoye la decisión y con esto se iba una parte muy especial de mi vida, pero sabia que encontraría otra manera de enseñar.
Sin saber como, un día llegue a padecer una de las enfermedades más duras de las que hayan podido llegar a mi cuerpo, pues no solo invadió mis huesos y mis músculos, sino mi cabeza, mi corazón y Mi “manera de ver”. Todo parecia derrumbarse, y aunque deseaba sentirme diferente no lo conseguía, el llanto, el desaliento y la tristeza profunda envolvieron mi vida en un suspirar sin sentido. Lo tenia todo, pero no tenia nada, pasaba un momento emocional bastante difícil, y ni siquiera el inmenso amor que les tengo a mis hijas, ni la absoluta capacidad que tengo en mi voluntad lograban pararme de la cama.La depresión estaba allí, ocupando un lugar que no debía.
Pero de todo se aprende y gracias a esa experiencia, empecé a “mirar la vida con otros ojos”.
Nunca le di fe a otra cosa más, que a Dios.
Y siempre tuve al lado a mi familia.
Nunca sentí vergüenza de aceptar lo que estaba viviendo.
Y siempre supe que pasaría.
Nunca pensé que llegaría a estar en Hospital día.
Y siempre supe que compartiria este momento de mi vida.
Porque es importante conocer aquello que consideramos que nunca nos va a tocar.
Hoy he vuelto a revivir, mis días son de colores y mis noches de lindos sueños.
Actualmente trabajo desde mi casa, diseñando y elaborando accesorios. Un talento que descubrí en compañía de mi hija mayor, cuando le ayudaba a armar pulseritas. Ya adapte la luz adecuada, a una mesa de trabajo, tengo mis herramientas y miles de pepitas.
Pusimos un almacén en casa de mi madre al que llamamos EL JARDIN DE LOS DETALLES y vendemos variedad de productos, incluidos el gel para el cabello y el jabón que elaboramos con mi esposo, trabajo en ventas por catalogo y soy la profe de preescolar de mi bebita. Y aquel espacio intocable de mi vida, lo recupere en TANGO VIVO la escuela de danza a la que estoy asistiendo a clases personalizadas con un profesor maravilloso, excelente bailarín y de un carisma especial, Bayron quien tiene el reto de enseñarme a girar sin que pierda el equilibrio como hasta ahora me pasa.
Sigo siendo ama de casa, esposa, madre, hija, compañera y amiga y desfilo de vez en cuando.
Al iniciar este año, empezó mi trabajo en la Fundación Unicornio, en la que espero dejar excelentes huellas de virtudes y para la cual escribí esta “cortica” historia de vida, con la única intención de compartir con todos los lectores, momentos que quizás son familiares o por el contrario desconozcan o simplemente capturen su atención.
No fue fácil, pero lo logre.
Ahora estoy dispuesta a saber en que puedo ayudarles.
Un abrazo y que Dios los bendiga y los angelitos de luz iluminen su andar.

Janeth Cristina Villegas Angel
jancristiviangel@hotmail.com
www.jancristi.blogspot.com