Mi Vida

Yo nací el 22 de mayo de 1971 en la ciudad de Guadalajara, del estado de Jalisco en México, me llamo Rosella, soy hija única y muy querida, mi infancia fue normal y alegre hasta que mi papá murió en 1985, de allí en adelante la vida cambió y sentí la pobreza y el desamparo de su ausencia. Cuando terminé la preparatoria lo quisiera estudiar dependía de mí.

A los 18 años comencé a trabajar formalmente y de un empleo me pasaba a otro esperando que llegara la oportunidad de poder organizar trabajo y estudio. En 1993 llegó esa oportunidad y pude estudiar una carrera universitaria y mantenerme con un empleo de medio turno, todo era felicidad, siempre tenía mucho trabajo y tareas que hacer, pero eso no importaba porque estaba luchando por conseguir mi sueño. En 1997 me gradué de la universidad como licenciada en informática, ese mismo año para el 20 de noviembre se hizo un viaje a Oaxaca a visitar una de las misiones voluntarias por aquellos lugares. Éramos seis personas, cuatro chicas y dos chicos, el automóvil una suburban. Casi no los conocía, apenas los había visto una vez. A media hora de llegar al pueblo del cual partiría la marcha a pie, el conductor se durmió y se salió del camino, cayendo en una cuneta poco pronunciada y corriendo el auto sin control por el campo llano hasta detenerse contra un árbol que desbarató el frente de la camioneta. Nadie salió ileso, incluso yo morí en ese momento, iba dormida y sin cinturón de seguridad y del asiento trasero volé y quede prensada entre el asiento medio y la puerta que se trabó. Muerta sobre mí me vi sangrar, me vi sin vida, hasta que llegó protección civil y la cruz roja, me sacaron y entonces volví a mi cuerpo o a lo que quedaba de él. Incontables fracturas y contusiones, siendo las más importantes, fractura expuesta de cráneo con pérdida de masa encefálica y dos lesiones en la columna una al nivel de la C3 y otra en T5 y T6. Me dejaron sin atención, sin cuidados, apenas una sutura en la cabeza, en una camilla esperando a que me llegara la muerte pues como era desconocida y en mis condiciones no valía la pena hacer algo por mi. Mi familia llegó y comenzó otro recorrido por hospitales y estados hasta que después de 70 días volví a casa. Allí apenas todo comenzó, reponerme de dos craneotomías, fijación de barras en la columna y cirugía reconstructiva de la clavícula izquierda.

Era poco más que un cadáver, ojerosa, débil al extremo y perdida en mi propia vida y mente. La fractura de la cervical 3 sanó sin dejar gran secuela pues pude mover los brazos y desarrollar fuerza y destreza en las manos. En 2000 me sometí a una segunda cirugía de columna que me descomprimió la médula y recuperé la sensibilidad que con los días y rehabilitación sigue aumentando. Recuperé el movimiento total del brazo izquierdo, el movimiento de la cadera, volví a sentir el estómago y los intestinos. En marzo de 2004 conocí a un médico acupunturista que desde que me conoció se comprometió conmigo para ayudarme a salir adelante. Todavía recuerdo el momento en que pude mover un dedo del pie, la alegría y la emoción de un nuevo camino. Ahora ya me puedo mantener de pie por 20 minutos. Como una vez me dijo alguien "La vida sigue y la lucha sigue", así ha sido cada día desde aquel 20 de noviembre, la lucha no puede acabar porque sigo viva. Dios está conmigo y es Él quien me ha sostenido y con Él llegaré muy lejos. Más que todo lo que ha pasado lo mejor fue haberlo encontrado a Él, ya no tengo miedo y vivo contenta, hasta que Él me diga que es tiempo de volver a casa.

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