Mi nombre es Laura Trillos. Soy hipoacúsica y estudio Licenciatura en español y literatura, en la Universidad Industrial de Santander.

No se sabe, exactamente, cuál fue la etiología de la pérdida de mi audición. Los médicos han pensado que fue ocasionada por una droga ototóxica que pudo haber sido aplicada para combatir una neumonía, que me dio cuando tenía dieciocho meses de edad.

A los dos años tenía problemas con el equilibrio y no hablaba casi, mi nivel de lenguaje se consideraba por debajo de lo “normal”. Pensaron que era una Hipotonía Benigna, debido a que “reaccionaba lentamente a los estímulos”, y mi madre, que es fisioterapeuta y había atendido niños con esa anomalía, jamás estuvo de acuerdo con ese diagnóstico. Durante cuatro años insistió en la realización de una nueva prueba hasta que, finalmente, me realizaron una Impedanciometría (prueba de audición para menores de cinco años) y se sospechó pérdida auditiva, que fue confirmada por un VERA: Padecía sordera en el oído izquierdo y contaba con algunos restos auditivos en el derecho.



A los cinco años tuve mi primer audífono. En aquél tiempo, sin darme cuenta, aprendí a leer los labios. Tuve muchas terapias de lenguaje y audición que me permitieron adquirir la oralidad y estudiar en aulas regulares, en colegios donde también estudiaron mis hermanos.



La época escolar fue, al principio, amena y agradable. Cursé la primaria en Barrancabermeja, mi ciudad natal, y Bogotá. En la Capital conocí a mi mejor amiga, Bi Hui Keng, que reía y bromeaba conmigo y me ayudaba en clase cuando no le entendía a los maestros. El bachillerato, en cambio, fue una época oscura y difícil: tuve que adaptarme a la cultura bumanguesa que suele ser, muy a menudo, arrogante, egoísta y prepotente. Tuve que enfrentar situaciones incómodas y discriminantes que me ponían arisca y de mal humor: pelear con compañeros, por sus burlas y hundimientos ; reclamar a profesores, directivas y personal administrativo que solían olvidar que leía los labios y, al parecer, que tenía perdida de la audición.



A los catorce años comenzó mi interés por la literatura. Comencé a leer autores como Gabo, Carrasquilla, Cortázar, Franz Kafka y los Malditos; y a escribir, en un comienzo, cuentos y textos argumentativos y luego poesía. En la navidad del 2003 mis padres, confiados en tendría contacto con la música a través de las vibraciones, me regalaron un violín. Mi amiga y maestra, Blanca Ávila, me llevó a conocer el mundo de la música y a tener confianza en las vibraciones para excitar su cantar. Los libros, el papel y el violín fueron mis amigos durante el resto del bachillerato. Te invito a conocer mi blog http://ensilenciols.blogspot.com/

Tuve mi primer contacto con personas sordas y con la LSC ( lengua de señas colombianas) en el Instituto de audición y lenguaje Centrabilitar, donde alfabetizé durante dos años. En ese tiempo, me di cuenta de que las personas con discapacidad auditiva que han tenido la LSC como primera lengua tienen dificultades para comprender y dominar plenamente el español, debido a que su lengua tiene una estructura distinta al de la oralidad. Tambien en esa época, hice parte de la Orquesta de la Institución como violinista, una experiencia dónde aprendí cómo tocar y ser dirigido en un grupo.



A mediados del 2006 me gradué del Colegio Nuevo Cambridge y fui aceptada como aspirante a la carrera de Licenciatura en español y literatura en la Universidad Industrial de Santander.



Actualmente soy usuaria de la oralidad y de la LSC. Me gustaría, en un futuro, diseñar mi propio método para enseñar español a las personas sordas cuya primera lengua es la LSC para que puedan ser lo que quieran ser y no lo que les toque hacer.